lunes, 24 de noviembre de 2014

sábado, 4 de octubre de 2014

A cincuenta años del nacimiento de Mafalda

Mafalda: la eterna niña inconformista cumple 50 años

EL 29 de setiembre la tira creada por Quino cumplió su quinta década.Mafalda fue traducida a casi una veintena de idiomas, donde sus preguntas –muchas que no pierden actualidad– desnudan las contradicciones de "los adultos", desde la educación formal hasta las convenciones sociales y la administración política del mundo.

Mafalda

lunes, 1 de septiembre de 2014

El 26 de agosto se cumplieron cien años del nacimiento de Julio Cortázar, uno de los más grandes escritores en español del siglo xx

El 26 de agosto se cumplieron cien años del nacimiento de Julio Cortázar, uno de los más grandes escritores en español del siglo xx

Continuidad de los parques»: la literatura como juego

Continuidad de los parques»: la literatura como juego

El tema de la «literatura sobre literatura» no puede ya asustar a nadie. Tampoco la idea de la literatura como juego, o como suma de juegos. El tema de este cuento brevísimo es el de un lector que se pone a leer un libro que trata de un hombre que se mete en una casa que es idéntica a aquella en la que está el lector, para matar a un hombre que es en todo idéntico al que lee… La literatura es un juego porque también la vida es un juego y una sucesión de juegos. Una vieja discusión de escritores:¿quién es el asesino? El cuento pertenece también a «Final de juego» Fuente: ABC.es
Continuidad de los parques[Cuento. Texto completo.]Julio Cortázar
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

domingo, 24 de agosto de 2014

Argumento de la novela "Decir amigo"
En un baile que organiza el Club Oeste, al que asistía Javier, una pelea distancia a los grupos de amigos. La relación de Valeria y Javier se complica, ya que los celos de un amigo de Valeria, se interponían en la relación.
Luego surgen sospechosos por el robo de una cámara fotográfica, las sospechas dirigen a Javier, ya que el ingeniero Echeverry, el papá de Valeria, lo culpa por estar en la casa el día que desapareció el equipo. 
Los amigos realizan una investigación para resolver el problema y para descubrir que Javier no es el culpable.

lunes, 30 de junio de 2014

Un sueño posible

Nos alejamos un poco de la temática del fútbol y el mundial... aquí dejo un link para que puedan ver la película "Un sueño posible".www.primeropeliculas.com/2013/12/un-sueno-posible.html

miércoles, 25 de junio de 2014

El hincha

Este texto habla de la vida de un Hincha, cuenta lo que sienten y viven mientras los jugadores estan en la cancha


Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.

Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.

Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.

Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.

Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.

                                                                                                                      Eduardo Galeano

sábado, 21 de junio de 2014

Lecturas sobre el día de la bandera.

Ayer recordamos el día de la bandera.... el Plan Nacional de Lectura elaboró un material referido a este día, atravesado este año por el Mundial de fútbol. Recomiendo la última parte de este material que agrupa algunas canciones de diferentes épocas que tienen a la bandera como protagonista. planlectura.educ.ar/pdf/bandera/secundaria.pdf

sábado, 7 de junio de 2014

El jugador de Eduardo Galeano


Próximos al Mundial de fútbol, comparto un texto del uruguayo Eduardo Galeano en el que reflexiona sobre la figura del jugador...

El jugador


Corre, jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina. El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar. Los empresarios lo compran, lo venden, los prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está. Sometido a disciplina militar, sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y se somete a los bombardeos de analgésicos y las infiltraciones de cortisona que olvidan el dolor y mienten la salud. Y en las vísperas de los partidos importantes, lo encierran en un campo de concentración donde cumple trabajos forzados, come comidas bobas, se emborracha con agua y duerme solo. En los otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta años. Los músculos se cansan temprano:- Éste no hace un gol ni con la cancha en bajada.- ¿Éste? Ni aunque le aten las manos al arquero. O antes de los treinta, si un pelotazo lo desmaya de mala manera, o la mala suerte le revienta un músculo, o una patada le rompe un hueso de esos que no tienen arreglo. Y algún mal día el jugador descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también. La fama, señora fugaz, no le ha dejado ni una cartita de consuelo.